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Manifesto- Spagnolo

Quienes somos

Somos mujeres y hombres, militantes e intelectuales, activistas, artistas e investigadores universitario(a)s de procedencias y perfiles sociales y culturales y de diferentes países del Mediterraneo, que creemos que el Mediterráneo es nuestro destino común.

Desde septiembre de 2014 hemos creado el SABIRMAYDAN, un proceso concebido desde la base a través de diferentes eventos (un Fórum en las ultimas tres ediciones del SABIRFEST y durante el Fórum Social Mundial 2015) que se han centrado en el concepto de ciudadanía transnacional en el Mediterráneo.

Los objetivos de SABIRMAYDAN son los de fomentar una red de organizaciones de la sociedad civil y de sujetos comprometidos que puedan planificar una nueva integración mediterránea a través de diferentes herramientas e iniciativas ciudadanas.

Hemos decidido comprometernos en la redacción de una declaración capaz de describir el Mediterráneo del futuro: el “Manifiesto por una Ciudadanía Mediterránea”.

 

Hacia el manifiesto

El Manifiesto es una carta que expresa principios y valores del nuevo concepto de ciudadanía y pertenencia a la región mediterránea.

La idea es que el Manifiesto se convierta también en un “proyecto” capaz de inspirar acciones y facilitar tanto el diálogo como el debate en toda la cuenca mediterránea, con el fin de construir un espacio que tenga como características principales la integración, la justicia medioambiental, la democracia participativa, la solidaridad social y económica, la paz y la comprensión mutua.

Este manifiesto debería ser finalizado a través de un proceso consultivo en toda la región.

Por ello aquí presentamos lo que hemos llamado un “pre-Manifiesto”, un breve texto que se centra en los principios fundamentales que queremos defender y desarrollar durante el proceso consultivo.

El “pre-Manifiesto” será discutido dentro de la Comunidad SABIRMAYDAN, y luego presentado al publico de SABIRFEST 2017.

Después del evento, lanzaremos una consulta pública, que tendrá el objetivo de producir un documento político y de incidencia más elaborado, que denominaremos “Manifiesto para la Ciudadanía Mediterránea.”

La junta editorial está formada por: Fatima AL-IDRISSI, Said BAKKALY, Debora DEL PISTOIA, Mohamed LEGHTAS, Lidia LO SCHIAVO, Gianluca SOLERA, Igor STIKS, Nagwan AL-ASHWAL, Kais ZRIBA.

 

Donde estamos

En la última década, naciones y territorios mediterráneos han estado en el centro de múltiples luchas sociales. Sin embargo, las demandas de aquellos que salieron a protestar en contra de los antiguos regímenes de la región y la injusticia de los sistemas socio-económicos y las medidas de austeridad, han sido a menudo traicionados. La falta de oportunidades y de perspectivas en las dos orillas, han amplificado las diferencias entre las instituciones y las jóvenes generaciones, que ya desconfían en el sistema político y se sienten sin futuro.

La crisis ha exacerbado la estigmatización de los migrantes, cuyo flujo ha aumentado por la guerras civiles en Libia y Siria, y por la degradación de muchos estados africanos.

Por otro lado, muchos grupos sociales y políticos se están redefiniendo entorno a entidades hyper-identitarias, inspiradas por sentimientos nacionalistas, autoritarios y de homogeneidad cultural y religiosa; o bien están en la búsqueda de una redención personal y social a través de la lucha armada. Esta situación pone en serio riesgo el trabajo de cooperación, el mismo concepto de ciudadanía y la idea de pertenencia cultural y geográfica en la región.

Como mujeres y hombres del Mediterráneo, fuertemente vinculados a los derechos humanos y la justicia social, y preocupados por la herencia cultural y medioambiental de la región y seriamente comprometidos por un futuro compartido en el Mediterráneo:

 

A. Hemos aprendido mucho de las revoluciones y protestas sociales – iniciadas contra las políticas de austeridad, la mercantilización de los bienes públicos y la degradación de los derechos sociales en muchos países de Europa, y que se han luego expandido en el resto de la región, y en particular en la orilla sud del Mediterráneo – y hemos observado con interés los nuevos grupos políticos, cuyas plataformas de reivindicación se han basado en los movimientos anti-austeridad del 2008 y las demandas de los movimientos revolucionarios del 2011;

B. Estamos inspirados por el Manifiesto de Ventotene de 1941, escrito por un grupo de militantes e intelectuales antifascistas cuyo objetivo era una Europa libre y unida; manifiesto que ha inspirado un proyecto de integración europea por todos aquellos pueblos de Europa en lucha contra el Fascismo y el Nazismo;

C. Miramos con atención hacia la Carta de Porto Alegre, texto fundacional del Fórum Social Mundial, que ha estimulado el crecimiento de movimientos sociales fuertes en la región, y que constituye la plataforma del movimiento anti-globalización, movilizado en contra de todo tipo de explotación económica y colonialista.

 

En que creemos

Con este documento queremos lanzar un debate acerca del futuro del Mediterráneo empezando por las consideraciones siguientes:

1. ENCRUCIJADA DE LA HUMANIDAD El Mediterráneo ha dado lugar a lenguas, religiones, sistemas filosóficos y disciplinas científicas que han alimentado las civilizaciones de la región durante todo el curso de la historia. Ha representado desde siempre un espacio privilegiado donde las diferentes culturas de Oriente Próximo, Norte de África y Europa meridional se hayan encontrado, mezclado y amalgamado. Ha sido la cuna de las primeras sociedades urbanas nacidas en Oriente, de la civilización Greco-Romana, Judeo-Cristiana y Musulmana, de épocas ilustradas como el Renacimiento y el lugar donde surgieron ciudades cosmopolitas como Alejandría o Tánger, Constantinopla/Estambul, Salónica o Dubrovnik. El Mediterráneo es una encrucijada, donde durante miles de años todo se ha fusionado, enriqueciéndolo; personas, animales, bienes, barcos, ideas, religiones, estilos de vida y hasta las plantas. Ha encontrado su especificidad en el equilibrio, sin ser ni muy caliente ni muy frío, capaz de mitigar y reorganizar, de trasformar polos opuestos en puntos de conexión, produciendo belleza de la combinación de diferentes formas de habitar, socializar y crear, y de neutralizar los desastres rodeándolos. En este proceso resultan fundamentales el apoyo y el trabajo de las escuelas, las escenas culturales y las instituciones políticas para dar a conocer y valorar el verdadero rostro del Mediterráneo como cruce de encuentros, alejando todas ideas de incompatibilidad entre naciones y culturas.

2. ESPACIO DE INTERCAMBIO El Mediterráneo es el cruce de intercambios económicos y financieros entre las naciones de tres continentes, África, Europa y Asia. En este espacio se han construido redes comerciales transnacionales de gran dinamismo, permitiendo la circulación de bienes e ideas. Todos estos intercambios han permitido el tránsito de recursos materiales e inmateriales entre las diferentes orillas del Mediterráneo, y han contribuido también al desarrollo económico, social y cultural tanto de las poblaciones costeras y sus vecino(a)s continentales, así como del resto de la humanidad. Este marco tan complejo de relaciones ha llevado, incluso en tiempos de guerra, a progresos importantes en ámbito de la astronomía, las matemáticas y la medicina, ha favorecido la traducción y el enriquecimiento lingüístico mutuo, además de promover nuevos descubrimientos en agricultura y nutrición, en el ámbito textil y en la explotación de metales preciosos. Este es el Mediterráneo del que queremos hablar, espacio que aún no ha agotado su potencial de cambio. Las ciudades son en particular nudos centrales de este flujo de intercambios, contextos multiculturales y multilingües, donde la libertad de expresión y la creatividad – cuando se permite -, nos ofrecen la posibilidad de liberar nuestros pensamientos, superando límites mentales dictados por visiones dogmáticas e intereses expeculativos. Reivindicar y defender nuestros espacios ciudadanos tiene una enorme importancia, puesto que las ciudades del Mediterráneo pueden llegar a ofrecer grandes oportunidades para poner en práctica el modelo de ciudadanía a la que aspiramos. Por un lado, permiten formas de implicación y de cooperación basadas en el concepto de residencia (sin tener en cuenta los orígenes, la identidad religiosa o étnica, o la nacionalidad). Por otro lado pueden crear redes asociativas entre ellas y mostrar un modelo diferente de ciudadanía, que tenga su base en la participación directa y la implicación cultural, social y política en todas aquellas prácticas de democracia local y solidaridad entre ciudades. De esta manera se pueden fortalecer todos aquellos procesos de “re-democratización” de las instituciones y de las comunidades y al mismo tiempo ampliar nuestro sentido de identidad y pertenencia. En estos tiempos de crisis económica y choque de culturas es imprescindible utilizar el intercambio de conocimientos y bienes, los partenariados urbanos, las creaciones artísticas y la investigación científica para promover una cultura de paz, respecto mutuo, existencia digna y justicia social.

3. MOVILIDAD COMO CARACTERÍSTICA FUNDAMENTAL A través de la historia, la región mediterránea ha representado una de las más intensas áreas migratorias en la Tierra. La movilidad humana constituye un elemento de las civilizaciones mediterráneas. La reciente combinación de políticas de cierre de fronteras con la ausencia de alternativas para la migración ha conllevado, sin embargo, que la movilidad humana en la región sea muy peligrosa. Las barreras institucionales establecidas entre las orillas no sólo violan el derecho básico a la movilidad; también ha promovido el desarrollo de una pujante economía transfronteriza inhumana e ilegal en los últimos 20 años, siendo fuente de nuevas formas de esclavitud y explotación. Países como Marruecos, Libia y Turquía, situados en el sur y este del Mediterráneo, se han convertido en puntos de tránsito, y la UE les ha asignado funciones de control. La personas inmigrantes ahí son vistas como criminales o competidoras. Por otro lado, lo(a)s refugiado(a)s sirio(a)s se han convertido en el grupo más vulnerable a lo largo del Mediterráneo. Sin embargo, la movilidad humana tiene que ser siempre un derecho humano esencial que no puede ser violado bajo ninguna circunstancia. Las restricciones actuales a la movilidad humana son el resultado de la gran disparidad de desarrollo a todos los niveles entre las orillas norte y sur, incluido el progreso económico, las oportunidades para la juventud, la protección de los derechos humanos y la democracia. Creemos que los países europeos deben dejar de externalizar el control de las fronteras a los países del sur del Mediterráneo y del Sáhara; y que dichas políticas de desarrollo local deben expandirse más allá de las áreas litorales sureñas, alcanzando aquellas regiones o países donde se origina la emigración. Proteger la movilidad humana también significa restablecer la paz y la justicia en las zonas de conflicto vecinas de donde las personas huyen.

4. SUPERAR LAS DESIGUALDADES Y APOYAR LA REDISTRIBUCIÓN Las desigualdades en la región mediterránea amenazan el desarrollo social, depauperando la clase media y frenando el camino hacia la reducción de la pobreza. Nos dirigen al acceso asimétrico a la salud y a la educación y, en consecuencia, a la transmisión intergeneracional de oportunidades económicas y sociales desiguales, creando círculos de pobreza y debilitando el potencial humano. La fuente real de tensión social y agitación política en la región no son nuestras distintas identidades nacionales y culturales, sino las desigualdades de acceso en derechos y desarrollo. La respuesta pública a las desigualdades sociales en varios países de la UE, en las economías en transición de los Balkanes, en las economías avanzadas emergentes como Israel o Turquía, o en los supuestos países en desarrollo del Norte de África, a menudo se ha basado en las recetas de ajuste neoliberales y reformas de empleo ultraflexible, conduciendo a una buena parte de la sociedad hacia la precariedad y la exclusión, especialmente entre la juventud. Tenemos que movernos hacia la economía colaborativa, y hacia un desarrollo social y soluciones regionales que promuevan una redistribución sustancial, en áreas donde los conflictos han afectado peligrosamente a los niveles de vida de las personas, así como en las regiones perjudicadas por la competencia globalizada. Queremos sociedades mediterráneas que protejan el derecho a tener estándares de vida y seguridad social adecuados, donde los servicios básicos sean disponibles gratuitamente, el trabajo duro sea recompensado y donde la posición socioeconómica pueda ser mejorada independientemente de la procedencia de las personas.

5. EL DERECHO A LA DEMOCRACIA Y LA AUTODETERMINACIÓN La democracia no es únicamente une cuestión de funcionamiento de los sistemas electorales y de multipartidismo, tampoco acerca del equilibrio entre los poderes legislativo, ejecutivo y judicial. La democracia es también sobre el acceso de la ciudadanía a los derechos fundamentales; es sobre el derecho a la autodeterminación. En virtud de este derecho, las personas libremente determinan su estatus político y libremente buscan su desarrollo cultural, social y económico. Todas las naciones mediterráneas tienen el derecho a la ilustración democrática, la emancipación del autoritarismo y la autodeterminación nacional (pero no en detrimento de otros grupos); sus ciudadano(a)s tienen el derecho a estar plenamente involucrados en forjar su destino, sin interferencias externas. Tienen el derecho a la toma de decisiones participativas, usando todos los medios posibles; desde los procesos de voto formales hasta concentraciones públicas; desde los consejos institucionales hasta las expresiones culturales libres; desde la democracia local hasta las empresas y los servicios democráticamente gestionados; desde las nuevas tecnologías, como internet, hasta las radios comunitarias. Estas últimas han sido un instrumento efectivo para promover la democracia de base, particularmente en países en transición, promoviendo una fuente de información alternativa a los canales oficiales, y reflejando diversidad lingüística y étnica. Una sociedad responsable y despierta, abierta al mundo y activamente crítica, es la única muralla en el Mediterráneo contra los gobiernos represivos, instituciones corruptas y medios de comunicación parciales, que avivan la llama de la discordia tomando partido, refuerzan los prejuicios y manipulan los hechos.

6. RECHAZO A TODA FORMA DE EXTREMISMO Y BÚSQUEDA DE LA ÉTICA El Mediterráneo se ha convertido en sinónimo del fanatismo basado en la fe, y la religión – percibida como relevante en todas las esferas de la cultura y la sociedad –, representada como una herramienta para movilizar a lo(a)s creyentes y justificar la violencia. Lo(a)s creyentes profundamente comprometido(a)s con sus dogmas de fe, o estrictos en sus prácticas, no son, sin embargo, violento(a)s ni tampoco justifican necesariamente la violencia en nombre de Dios. Podemos tener fundamentalismo sin extremismo violento. Ciertamente, tenemos que condenar el terrorismo motivado por la religión, cuyas víctimas son el entendimiento entre las personas y el diálogo entre las culturas. Esto, sin embargo, no es suficiente. Tenemos que luchar contra formas de fundamentalismo que lleven al extremismo y que, por ejemplo, nutran la propaganda de la lucha de una matriz islámica o, entre las comunidades cristianas y judías, justifiquen la discriminación y la opresión del Otro siguiendo parámetros de identidad religiosa. El fundamentalismo de la expansión y de la producción sin límites, basado en una lógica economicista, es en este sentido también peligroso. Es además el caso de cualquier nacionalismo basado en el odio que justifique violencia y represión de libertades en el nombre del Estado o la Nación. Sólo exponiendo la represión enmascarada en la frialdad de la competencia de mercado, de la “religión” del consumo y la posesión, o en el mito de la identidad nacional, puede el diálogo volver a ser igual, y en consecuencia evitar que una cultura tenga que escoger entre renunciar a la dignidad o demonizar al Otro. Al mismo tiempo, la ética recogida en las enseñanzas judías, cristianas e islámicas, inspiradas por el padre común Abraham, y fuente de humanidad, hospitalidad, solidaridad y sabiduría para las personas, debería ser bienvenida, compartida entre los creyentes de otras religiones así como los no creyentes, y defendida del ostracismo, la manipulación y el relativismo.

7. DERECHOS HUMANOS A TRAVÉS DE LA MIRADA FEMENINA La vulneración de los derechos humanos en el área del Mediterráneo ha tomado recientemente múltiples formas y es indicador de la reducción de los espacios de la sociedad civil. Esta tendencia preocupante es visible tanto en los países del Norte de África y de Oriente Próximo después de la recuperación de los contra-poderes post 2011, como en las presuntas democracias consolidadas europeas después de los movimientos de protesta contra la austeridad. Las políticas antiterroristas son una de las mayores fuentes de ataque y cierre de los espacios de activismo, libertad de expresión, privacidad y desacuerdo pacífico, y representan una continuación de la implacable mano dura sobre la sociedad civil que se aplica más allá de las fronteras de la región. En la base de estos desarrollos en la región yace un sistema patriarcal que priva a las mujeres y grupos fragilizados de sus derechos humanos y su dignidad. La discriminación de género es la forma más antigua de desigualdad, que ninguna democracia ha sido capaz de transcender. Necesitamos imaginar un Mediterráneo donde los derechos fundamentales de las personas sean respetados, desde una visión post-colonial y sensible al género, e independientemente del estatus legal de las personas, y donde la ciudadanía esté equipada para contrarrestar la reducción de los espacios cívicos. La existencia de movimientos activistas independientes y trans-mediterráneos es una de las piedras angulares para permitir la expresión de intereses colectivos y la participación de la población en el debate público y la toma de decisiones. Además, necesitamos liberar el Mediterráneo de la violencia estructural contra las mujeres y los grupos fragilizados, incluidas las minorías sexuales, tanto en los hechos como en el discurso, para que la diversidad de género sea reconocida, los roles e identidades plurales de las mujeres tengan valor incluso más allá de los estereotipos inspirados en el feminismo occidental, y fronteras físicas y psicológicas entre las mujeres mediterráneas se descompongan. La educación, una herramienta clave para investigar la historia de las naciones mediterráneas y promover el entendimiento de un destino común, es de la más alta importancia para el reconocimiento del rol central de las mujeres en la sociedad como las "garantes" de derechos fundamentales y de procesos de aprendizaje.

8. LA ECOREGIÓN MEDITERRÁNEA PERTENECE A NUESTRO FUTURO COMÚN El Mediterráneo es una ecoregión única, cuyas calidades ecológicas y climáticas sólo pueden encontrarse en el 2% de la superficie terrestre. Su clima temperado, fruto de la confluencia del calor africano y del frío atlántico durante milenios, que ha producido una extraordinaria biodiversidad, incluyendo el 20% de las especie vegetales y animales y el 52% de las plantas endémicas de la Tierra, está en gran peligro hoy. Lo mismo puede ser dicho de la cuenca marina que, con menos del 1% de la superficie, hospeda hasta el 15% de la biodiversidad marina global. El calentamiento global, que se espera que afecte severamente esta región, la pesca descontrolada, los incendios y la urbanización están empobreciendo radicalmente la belleza de los escenarios salvajes y rurales y la riqueza de nuestra herencia biológica. El mar, el corazón de la vida humana y biológica del Mediterráneo, un recurso económico extraordinario, fin y medio para la persistencia de la cultura mediterránea misma, está evolucionando hacia un vertedero líquido de cuerpos humanos, micro-plásticos, y naufragios. Preservar la ecoregión mediterránea no es sólo una cuestión de preservar especies en vías de extinción, ni de la defensa de nuestra celebrada, diversa y sana dieta. Tampoco de la simple prevención de la destrucción de los paisajes que han sido creados por los humanos y la naturaleza a lo largo de los siglos. También se debe luchar contra los avances de la mercantilización de los bienes que pertenecen a la humanidad, el planeta y las futuras generaciones; agua, suelo, semillas, especies y aire. No puede haber diversidad cultural sin diversidad biológica, y ninguna de ellas puede ser posible si nos doblegamos a la esclavitud del beneficio. El cambio climático, por un lado, la hiper-urbanización, la pesca exhaustiva y los incendios forestales, por el otro, son caras de la misma moneda. Queremos transformar radicalmente nuestros patrones de desarrollo y valores, invirtiendo en la protección y restauración de la eco-región mediterránea, la reducción del consumo de las materias primas y de energía, y la promoción de los circuitos de alimentación regionales, y superar así la cultura del consumismo.

9. DESARROLLO REGIONAL ESTRUCTURAL Y COHESIÓN SOCIO-ECONÓMICA Los países mediterráneos están actualmente vinculados mediante diferentes acuerdos de cooperación bilaterales y multilaterales. Diversas formas de partenariado se han establecido entre países de toda la cuenca mediterránea en el marco de la política europea de vecindad, incluidos los acuerdos de libre comercio o la cooperación descentralizada bilateral. Sin embargo, estas iniciativas están lejos de ser justas y son a menudo caracterizadas por la explotación y la dominación. Especialmente porque la ciudadanía más discriminada, pobre o marginalizada de los países del sur no se beneficia directa o suficientemente de los proyectos de desarrollo en el marco de este partenariado. Los programas de inversión europeos están más motivados por objetivos de seguridad que por una visión de desarrollo económico, social y cultural de todo el Mediterráneo. La preocupación actual de los países del norte es esencialmente frenar el fenómeno migratorio creciente, no arreglar sus causas: conflictos armados en diversos países de Oriente Próximo, impactos adversos del cambio climático sobre los países del Sahel, serias violaciones de los derechos humanos perpetradas por regímenes no democráticos, o simplemente la pobreza y la hambruna amenazando diversas poblaciones meridionales. Para generar soluciones a la crisis que está sacudiendo el Mediterráneo, tenemos que repensar estrategias y colaboraciones entre países. Necesitamos financiación para desarrollo estructural de alcance regional y objetivos de igualdad económica y social, donde las inversiones económicas sean diseñadas con la finalidad de reforzar la justicia social, acceso equitativo a los servicios y a las oportunidades, y una cultura empresarial autónoma. El comercio justo, la economía social y solidaria, la producción local de calidad, y la autosuficiencia comunitaria deberían ser fomentados para estimular los potenciales locales sociales y económicos, y garantizar los derechos culturales, sociales y económicos para todo el mundo. Dos sectores requieren una atención especial: la agricultura sostenible y de calidad, aprendiendo de las prácticas tradicionales y preservando la biodiversidad rural, puede proveer alimentos suficientes y saludables para toda la región, ofrecer nuevas oportunidades para las comunidades rurales periféricas, y mitigar el impacto del cambio climático; y la transición energética, de las energías fósiles a las renovables, puede tener un impacto positivo sobre los derechos económicos y sociales de los grupos vulnerables y empobrecidos, y abrir la puerta a inversiones generadoras de empleo y a una transferencia tecnológica equitativa entre el Mediterráneo norte y sur.

10. CUESTIONAR LA CONTRADICCIÓN DE LAS POLÍTICAS EUROPEAS Europa ha demostrado de cara a los países vecinos su descarada habilidad de utilizar lenguajes y acciones que responden sobretodo a sus propios intereses. Las instituciones europeas no son necesariamente las primeras culpables; a menudo son los gobiernos nacionales quienes, como Penélope, deshacen de noche lo que han tejido durante el día. Mientras Europa predica la democracia y la autodeterminación nacional, ha abandonado el pueblo sirio en manos de su dictador y de las influencias extranjeras. Ha elogiado a los juventud árabe, que se ha levantado contra el despotismo, pero al mismo tiempo ha firmado acuerdos lucrativos de comercio y de explotación energética con los regímenes que la habían traicionado. Pretende defender la cohesión social y la solidaridad hacia las naciones pobres, rechazando posteriormente en sus fronteras a las personas que huyen de la miseria y de la opresión. Cuestiona los beneficios de las recetas neoliberales de austeridad dentro de sus propias fronteras, pero apoya la aplicación de medidas de ajustes estructurales que afectan a las personas más vulnerables de los países vecinos. Estas políticas contradictorias están minando la confianza de los ciudadanos en la construcción de un espacio común de cooperación basado en el interés reciproco, la proximidad humana y la responsabilidad democrática. Defendemos el principio de que todas las naciones y lo(a)s ciudadano(a)s tienen derecho a tener derechos. Los derechos no pueden ser un privilegio de algunas naciones a expensas de sus vecinas. La actual geografía fragmentada de los regímenes de ciudadanía del Mediterráneo, con estatutos y obligaciones distintos, y derechos, deberes y responsabilidades vacilantes, solo puede sobrepasarse estableciendo un cuadro de ciudadanía transnacional, inspirado por el espíritu mediterráneo de la diversidad, del intercambio y de la hospitalidad, donde ni el eurocentrismo ni el autoritarismo puedan producir discriminaciones individuales o sociales por motivo de nacionalidad, religión, género o clase social.

11. IDENTIDAD COMÚN Y VISIÓN TRANS-MEDITERRANEA DE LA CIUDADANÍA El espacio mediterráneo es nuestra fuente de “identidad colectiva”, como resultado de múltiples intercambios a lo largo de la historia, de la permeabilización cultural, de los estilos de vida compartidos y de las dominaciones regionales que se han ido alternando. Pero no podemos contentarnos con esto. En este mundo turbulento no se cumple con todos nuestros derechos, con nuestras reivindicaciones sociales. Los pueblos del Mediterráneo están experimentando diferencias sustanciales en el acceso a derechos civiles, políticos, económicos y culturales. Queremos ir mas allá de la definición de ciudadanía garantizada exclusivamente por los Estados-nación. Buscamos una ciudadanía activa, no convencional y compartida en el espacio mediterráneo, que se base en los nobles valores humanos heredados de las tradiciones orientales y occidentales, con el objetivo de realizar una sociedad en la que los principios de justicia social, de libre circulación humana, de justicia climática, de economía solidaria y de democracia participativa sean aplicados. Un concepto de ciudadanía que permita recrear un espacio común para imaginar, organizar, practicar y vivir. Nuestra identidad común es menos tribal, menos exclusiva, menos subordinada a mitos selectivos, y está más abierta a los demás y a las realidades de nuestros vecinos alrededor de la cuenca mediterránea. Se trata de una “identidad factual”, una identidad de la acción, del trabajar y del vivir conjuntamente, para replantear el concepto de ciudadanía establecido en nuestros sistemas nacionales de derechos y obligaciones.

12. HACIA UN PROCESO CONSTITUYENTE DEL PARTENARIADO MEDITERRÁNEO Nuestro destino común no solo consiste en cooperar e intercambiar, sino también en construir un espacio integrado donde los conflictos sean resueltos a través del diálogo y donde nuevas oportunidades sean generadas conjuntamente. Lo que fue el Partenariado Euro-Mediterráneo ha sido paralizado por el egoísmo nacional, por los poderes autoritarios y por la retirada europea de la región. El partenariado tiene que ser reinventado desde nuevas bases: tiene que ser antes todo mediterráneo, y por lo tanto no eurocéntrico, y basado sobre la misma cultura de derechos, de renovación democrática y justicia, por la que muchas naciones arabófonas y otras naciones vecinas están luchando sobre todo desde 2011. Necesitamos un extenso proceso constituyente. Sin embargo, solo los ciudadanos pueden inspirar e impulsar este proceso en el contexto actual, donde los poderes nacionales están defendiendo cada vez más sus propios intereses. Históricamente lo(a)s ciudadano(a)s mediterráneo(a)s encarnan identidades múltiples. En los últimos años, hay una nueva generación de personas que ha crecido sintiéndose realmente e inevitablemente parte de la región. Emprender y lanzar un proceso constituyente desde abajo tiene que ser inicialmente un ejercicio voluntario y no coercitivo. No se cuestiona la integración europea, cuya transcendencia e historia admiramos, y cuya actual estructura evaluamos críticamente y creemos necesita reformas profundas. Este proceso de base aprendería de los éxitos y de los fracasos de la Unión Europea, empoderaría las naciones de Europa del sur y daría nueva perspectiva a las naciones del Norte de África y del Oriente Próximo como parte de un espacio mediterráneo común.

 

Por el Federalismo y una visión de los bienes comunes

¿Cómo podemos imaginar el Mediterráneo como un espacio político común? ¿Cómo podemos concebir el Mediterráneo en un renovado partenariado “comunitario”, a pesar de la proliferación de las desigualdades y de los conflictos y las heridas del colonialismo y del neo-colonialismo? Proponemos dos recorridos de análisis y de acción.

En primer lugar, tenemos que trabajar por un renovado concepto de federalismo como vía social y política de organizar las relaciones entre las naciones.

Nuestra ambición es experimentar un modelo democrático mediterráneo forjado por una tradición federalista mutuamente beneficiosa, asociativa y pluralista, que se oponga a manifestaciones discriminatorias, violentas, posesivas, dominantes y racistas del Estado y del Capitalismo. El federalismo no pertenece solo al pensamiento político occidental, al contrario, varios intelectuales y estudioso(a)s arabófonos han imaginado modelos de organización política que se parecen al federalismo.

En segundo lugar, la lógica del federalismo - es decir el compartir y crear un futuro común solidario y con legitimidad democrática - está conectada al espíritu de los “bienes comunes”.

Imaginar el espacio mediterráneo como una entidad común, y por lo tanto actuar conjuntamente en consecuencia, genera interacciones transnacionales entre los “nacionales” que viven a lo largo de sus orillas. Por lo tanto proponemos basar la “ciudadanía” sobre un criterio regulador diferente: no hablamos de ius sanguinis, ni nos contentamos con el ius soli, sino que proponemos algo parecido a un ius commune, que constituya la piedra angular de una nueva forma de ciudadanía, en la que todas las personas de la región sean llamadas a proteger y compartir el Mediterráneo como “patrimonio común” y que se comprometan a la revitalización de su cosmopolitismo.

Considerar el Mediterráneo como un “bien común” solo puede resultar de un proceso de construcción de un espacio común basado en la actuación conjunta.

Esta lógica emancipadora puede ampliarse también hacia otros “Mediterráneos”, definidos como mares entre tierras, es decir a otras regiones del mundo en las que los pueblos y las naciones compartan espacios geográficos, historia y culturas. Nuestro enfoque no es, no quiere y no puede ser excluyente, ni puede correr el riesgo de caer en una trampa orientalista.

Reconocemos que el combinar los términos “Mediterráneo” y “ciudadanía” pueda resultar una contradicción per se. La razón de ello es que la región mediterránea está dividida por fronteras, instituciones y construcciones culturales distintas, y por lo tanto, no podría tener una sola ley de ciudadanía. Sin embargo, este es el tipo de contradicción a la que queremos hacer frente, explorarla y deconstruirla. Solo podemos hacerlo invirtiendo completamente nuestras perspectivas y nuestro enfoque. Si no estamos a la altura de esta tarea, seremos silenciados por la violencia, el odio y la guerra que nos rodean. La ciudadanía que queremos solo se materializará a través de un proceso de construcción compartido de ciudadanía activa, de ciudadanía insurgente, firmemente anclada en una pluralidad de valores, prácticas, conocimientos y tradiciones que compartimos como pueblos pertenecientes a una región que sabe ser homogénea y al mismo tiempo compleja y plural.

 

 

Hacia un Mediterráneo libre y unido

El Mediterráneo es nuestro séptimo continente, aquello que ha originado nuestras culturas, civilizaciones, paisajes e historias. El Mediterráneo representa también la metáfora y el espacio de nuestro sueño, el sueño de premiar el pasado con un renovado futuro mutuo, el sueño de una casa común, de un área integrada donde los tres continentes se encuentren e intercambien. Un área en la que nosotro(a)s ciudadano(a)s de la región podamos abordar los retos sociales, económicos y medioambientales con el espíritu de la cooperación política y del enriquecimiento cultural. Nuestro proyecto es un Mediterráneo unido, el único proyecto alternativo y razonable a la militarización, al “choque de civilizaciones”, a la injusticia social y al desastre ecológico.

Hace setenta y cinco años, durante la Segunda Guerra Mundial, un grupo de intelectuales y militantes antifascistas internados en la isla de Ventotene en Italia, escribieron un manifiesto “Por una Europa libre y unida”. Este manifiesto lanzó una visión para la integración europea, precisamente en un periodo en el que nadie hubiera apostado por tal éxito. Hoy estamos de facto viviendo una nueva guerra global, que opone culturas y religiones unas contra otras: que fustra las aspiraciones y las luchas de muchas personas hacia la libertad y la justicia en nombre de la estabilidad, del crecimiento y de los intereses nacionales; que obliga a familias enteras a huir de la desesperación; y que pone a los humanos y a la naturaleza una contra el otro.

La linea del frente más conflictiva de esta guerra fabricada se juega en el Mediterráneo. Esta es la razón por la que escribimos este documento, que quiere ser un llamamiento hacia un “Mediterráneo Libre y Unido”, precisamente en el momento en el que nadie apostaría por ello.

Queremos forjar un destino común, empezando por nuestros propios deseos, sueños y aspiraciones. Esta la razón de compartir y discutir este pre- manifiesto con las personas que viven en la región, involucrando de forma participativa a cuantas más personas entre aquellos y aquellas que se preocupan por el destino del Mediterráneo. Este proceso de consulta tendrá una duración de un año e inspirará nuestros proyectos conjuntos y nuestras campañas políticas.

Nuestro objetivo es que el Manifiesto que surja de este proceso represente una fuerza motriz para promocionar nuevas iniciativas y visiones hacia un Mediterráneo Libre y Unido. El Mediterráneo como Casa Común debe de resultar de la iniciativa de la ciudadanía de la región, y extenderse a nuestros gobiernos e instituciones. Para lograrlo, debemos tener la ambición de definir un nuevo espacio para la integración social, política y económica, caracterizado por la diversidad cultural de sus pueblos. A este respecto, la sociedad civil independiente debe asumir una responsabilidad especial para preparar el futuro, reanimando el espíritu de los recientes movimientos sociales para la libertad y la dignidad alrededor del Mediterráneo, y englobando las sensibilidades religiosas y aquellas seculares para abordar los problemas socio- económicos, políticos y culturales de la región, mas allá de las fronteras nacionales y de las propagandas de los regímenes.

Esta representa la mejor herencia que la región mediterránea se merece hoy. Urge que el Mediterráneo asuma un nuevo liderazgo internacional como emblema que irradie de humanismo, hospitalidad y progreso.

 

Messina, Catania y Reggio Calabria, Octubre - Noviembre de 2017

 

(traducido por Alba Gustar Galo y Francesca Crispolti)

 

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